Un ser humano tiene todo el derecho a reivindicarse y no estar atado al pasado, como una cadena que lo arrastra al abismo del infierno moral, enterrador e implacable, dictado por un grupo que se apandilla y reafirmado por un hombre llamado juez y no por los designios del Dios todo poderoso.
La reivindicación puede manifestarse de diversas formas, desde protestas y movilizaciones hasta expresiones artísticas y demandas legales. En el ámbito personal, reivindicar puede implicar afirmar nuestros valores, necesidades y deseos, así como establecer límites saludables en nuestras relaciones y entornos.
También puede significar abogar por nuestro bienestar emocional, mental y físico, y buscar el reconocimiento y la validación que merecemos.
Reivindicarse es tener una familia y criar los hijos con valores, alejados de las tentaciones, que sean hombres y mujeres de bien, que cuiden el medio ambiente, no maltraten a la mujer, y tengan una convivencia en la sociedad con compromisos.
















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